
Por razones similares a las que me acosan, salen marchando con las manos entumecidas, mientras los que dormimos, nos proyectamos en la causa de alguna manera. "Jamas pondría a un hijo en un liceo municipal, si tuviera los recursos", me decía mientras esperábamos supuestamente al profesor, junto a nosotros, aquella ventana sin vidrio. La escuela, el lugar donde tuve que aprender a mentir, a sufrir, a reírme, a estar lejos de casa. Quizás una de las frase mas erróneas que aprendes de parte de los profesores, cuando te vas iniciando en esta etapa, es "Entiendan niños, que esto va a ser su segundo Hogar". Siento que con ese tipo de frases, tengo que dejar mis principios de lado antes de entrar a la sala, ¿Como alguien podría llamar hogar a un lugar como ese?. Es una pregunta que a los 10 años no le encuentras sentido y a los 17, te da nauseas espontáneas.
Que triste es verle el lado positivo a todo esto que nos rodea, pensar que ya falta poco para dejar esos pasillos, esas caras, tanto es así , que por mas de un segundo nos olvidamos que lo que viene, es mil veces peor. Deberíamos organizarnos , aunque se que es imposible, para poner una maquina de café, de esas pequeñas que traen todas las tradiciones que se han inventado, con el fin de mantenernos despiertos y jugar a portarnos bien para que el profesor lo asimile y haga una clase decente. Se que cuando acabe todo esto, seguiré siendo en parte el mismo de siempre, me voy a transformar en lo que quiero y podre decir que Sobreviví al colegio.
Por ahora, mantengan el inconsciente colectivo ya que nunca más transaremos la dignidad.


